Y parece como si no pasara nada, ni el tiempo ni la distancia hacia aquello que algún día tuviste como intuición de los que llegarías a ser. Parece como si el tiempo dedicado a las cosas que hay que hacer hubiera sepultado ese tiempo arraigado en ti como algo titánico, tan necesario para sobrevivir. El caso es que no te das cuenta y cada día pesa lo urgente, lo innecesario y lo superfluo, solo las cosas que es obligado hacer respecto a unos deberes ya establecidos. Pero lo verdaderamente necesario para tu alma simplemente te sobrevuela dejando una melancolía interna, esa mirada difusa medio en llanto que te hace intuir que estás dejando a un lado lo que realmente te alimenta el alma. Pero el ahora es terminar y luego ya seguiré con aquello que amaba como incipiente, lo que pasa es que quizá entonces vuelva a no ser el momento y vuelvan a suceder esas cosas urgentes que no te dejan paso a ti misma. O puede ocurrir que tú ya no recuerdes como hacías vibrar tu vida y te resulte un esfuerzo que no estés dispuesta a hacer aunque con ello mueras por dentro. Todo ello encadenado, concatenado con el tiempo. Y tú perdida en el tiempo, en este espacio y con la cabeza siempre dispersa, nunca alegre y con esa melancolía pegada a la piel.
Por ello ahora siempre es el momento, tu necesidad vital de desarrollo como primario y principal. Tú y tu responsabilidad sobre tus dones como imprescindible para seguir, coherencia interna personal. Tu con esa melancolía que envuelve tu piel pero satisfecha de que esa mirada vidriosa se haya borrado de tu cara, estampada ahora sobre el papel. Eso es lo que hay que hacer.
2 comentarios:
No dudé ni un segundo. ;)
Momento. Medir (el tiempo). Todo con M de Melancolía.
No sé, me estoy perdiendo, pero me alegra ver que tú vas sabiendo colocarte.
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